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No llegan para satisfacer la demanda los 800 pisos turísticos de Santiago

El órgano responsable de estos alojamientos en Galicia destaca que la oferta de la ciudad no está saturada // Algunos viajeros ya buscan en municipios limítrofes

 

A pesar de las cifras tan desiguales entre los pisos turísticos, con 800 licencias de la Xunta de Galicia, y los dedicados al alquiler tradicional, con escasas 130 opciones en el mercado, en Santiago no hay saturación de viviendas vacacionales. Así lo exponen desde la asociación autonómica de este modelo de negocio, apuntando además que muchos viajeros de la capital gallega tienen que dormir en municipios limítrofes por la ausencia de alojamientos.

“Para Santiago, teniendo en cuenta sus características, que haya 800 apartamentos turísticos no es saturación. Ahora mismo hay más demanda que oferta”, destaca Dulcinea Aguín, presidenta de la Asociación de Viviendas Turísticas de Galicia (Aviturga), en declaraciones a EL CORREO GALLEGO.

 

Este tipo de hospedaje, que ha ganado peso en los últimos tiempos, destaca por ser una modalidad normalmente más económica que los hoteles, que permite al usuario sentirse como en su propia casa, especialmente si viaja con niños o con mascotas, y que dispone de un espacio, habitualmente, más amplio.

Estas características se adaptan muy bien al tipo de turista de Santiago, gran parte de ellos peregrinos que viajan en grupo y a los que les resulta más cómodo una estancia de este tipo. Por ello, en los últimos años, pandemia aparte, hubo un giro drástico de los alquileres hacia este modelo de negocio.

Tal y como se apuntó en estas mismas páginas, la horquilla de precios en la capital gallega varía mucho en función de los servicios, tamaño o la ubicación, con un abanico que puede ir desde los sesenta euros/día hasta los ciento y mucho. Así, teniendo en cuenta que la estancia media en estos alojamientos se estima entre cuatro y cinco días, la rentabilidad económica es muy alta.

En todo caso, a diferencia del régimen de arrendamiento tradicional, supone también un mayor mantenimiento. “Los propietarios tienen la necesidad de tener el apartamento siempre bien, con toallas o ropa de cama nuevas cada día, con las paredes intactas, electrodomésticos que funcionen, ofrecer servicios tan necesarios como el wifi y, a mayores, dedicarse las 24 horas por posibles imprevistos o para adaptarse a la hora de entrada o salida de los usuarios”, detalla la máxima exponente del órgano que los representa en la comunidad.

Todo ello supone una implicación significativa para mantener el interés de los visitantes, puesto que en Internet se exponen a los comentarios de los moradores. En ese sentido, las valoraciones en Santiago, confiesa Dulcinea Aguín, son “muy buenas”.

¿HAY MASIFICACIÓN TURÍSTICA? A tenor de la situación mostrada por Aviturga, en la que expresan que Santiago tiene capacidad para acoger más viviendas vacaciones, deja claro que no existe masificación del turismo. Sin embargo, comparando datos con el alquiler tradicional (actualmente, teniendo en cuenta los negocios que operan al margen de la ley, hay un piso en alquiler por cada diez turísticos) y en base a las declaraciones de asociaciones vecinales como Fonseca (zona vieja), todo parece indicar que sí.

“O concelleiro Sindo Guinarte di que non hai saturación, pero si que a hai. Debemos deixarnos de monocultivos e pensar noutro tipo de turismo, antes de pensar noutros temas”, critica Roberto Almuíña, su presidente, en conversación con este medio.

Precisamente, el casco histórico es una de las áreas más afectadas por la substitución de los residentes por viajeros, una realidad que se lleva tiempo recalcando, pero que no se atestigua en los estudios llevados a cabo.

Así, atendiendo a las conclusiones oficiales sobre esta circunstancia, el último informe encargado por Turismo de Santiago, en el marco del proyecto europeo Big and Open Data for Atlantic Heritage (Bodah), descartaba el pasado mes de marzo que existan problemas con los flujos turísticos en la zona monumental de Compostela.

Por lo tanto, si no existe dicha masificación, pero se constata la pérdida de población en la Almendra, cabe preguntarse qué medidas se pueden tomar para incentivar que las personas decidan vivir en esta área. Quizás la respuesta esté en los usos que se le puedan dar a los edificios que están ahora abandonados, cubriendo con ellos las demandas de unos u otros.

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