La Asociación de Viviendas Turísticas de Galicia (Aviturga) quiere poner de relieve la profunda diferencia de estrategias que están adoptando dos de las principales ciudades gallegas en materia turística, una situación que afecta directamente a la estabilidad del sector, a la seguridad jurídica y a la competitividad del destino Galicia. Mientras Vigo avanza hacia un modelo ordenado, previsible y orientado a la desestacionalización, A Coruña opta por medidas restrictivas que reducen drásticamente la capacidad alojativa y generan incertidumbre entre los propietarios que han desarrollado su actividad conforme a la normativa vigente.
Según la información publicada recientemente, Vigo trabaja en una nueva ordenanza que reorganiza la implantación de las viviendas de uso turístico, manteniendo la actividad de las más de 2.000 VUT ya existentes y estableciendo criterios claros para las nuevas autorizaciones. La ciudad consolida así un modelo turístico coherente y planificado, apoyado en grandes eventos que atraen visitantes durante todo el año —como su potente programación navideña— y en una regulación que respeta los derechos de las personas que optaron legalmente por el alquiler turístico. Para Aviturga, este enfoque combina convivencia, planificación urbana y seguridad jurídica, tres pilares esenciales para un sector que genera empleo, actividad económica y una oferta alojativa complementaria imprescindible para el destino.
En contraste, A Coruña anunció en Fitur una ambiciosa campaña para atraer miles de visitantes con motivo del eclipse, al tiempo que destina 700.000 euros de fondos públicos a un plan que cerrará el 80% de las VUT actualmente operativas, reduciendo a la mitad la capacidad alojativa turística de la ciudad para el próximo verano. Esta decisión, que afecta a viviendas que hasta el verano de 2025 eran plenamente legales, genera una contradicción evidente: promover la llegada de turistas mientras se elimina una parte esencial de la oferta de alojamiento. Además, incrementa la inseguridad jurídica al modificar de forma abrupta las condiciones bajo las que cientos de propietarios invirtieron y desarrollaron su actividad conforme a la normativa vigente.
Para Aviturga, la divergencia entre ambos modelos no solo afecta a propietarios y profesionales del sector, sino también a la imagen de Galicia como destino turístico competitivo, moderno y equilibrado. Mientras Vigo regula, ordena y ofrece estabilidad, A Coruña opta por prohibir, reducir oferta y generar incertidumbre. Esta brecha regulatoria crea un escenario desigual que perjudica al conjunto del sector y dificulta la consolidación de un modelo turístico gallego coherente y sostenible.
Aviturga hace un llamamiento al diálogo y a la coherencia institucional, apelando a la necesidad de trabajar con criterios técnicos y no ideológicos, garantizar seguridad jurídica a las actividades económicas legales y evitar contradicciones entre la promoción turística y las restricciones de alojamiento. El turismo es una de las principales puertas de entrada económica y cultural de Galicia, y su regulación debe ser estable, previsible y orientada al futuro.



